Historia del Ford Fiesta
El Ford Fiesta es un modelo relacionado directamente con Valencia puesto que fue con este vehículo con el que comenzo la historia de la planta de Almusafes. Aunque el vehículo por si solo ya significa mucho en la historia del automóvil.
A finales de 1973, acuciados por una crisis energética que aconsejaba la incorporación de un coche pequeño y económico a la gama europea, y también porque la demanda de automóviles de este tipo aumentaba de forma considerable, Henry Ford II y su Comité de Dirección tomaron la decisión de iniciar el diseño y la fabricación de un coche que, con el tiempo, se convertiría en un auténtico vehículo de masas del que se han fabricado más de 12 millones de unidades y que en 2008 inicia una nueva etapa, llena de modernidad, tecnología y diversificación, que debe darle un nuevo camino de éxitos.
Pero si bien el totalmente renovado Fiesta de 2008 sólo tiene en común con el modelo inicial el nombre, sí que comparte con su predecesor el objetivo de romper moldes y de ofrecer la accesibilidad que un cierto día de diciembre de 1973 empujó a los dirigentes de Ford a crear ese popular modelo y, con él, el segmento B. Henry Ford II y su equipo decidieron que ese futuro Fiesta debía fabricarse en España, en una nueva planta cercana a Valencia, aunque algunas de sus piezas serían elaboradas en otras plantas europeas de la marca. Todo ello con una inversión total de más de mil millones de dólares, la mayor
realizada por Ford hasta esa fecha en un coche de ese tamaño.
Fue así como, poco a poco, tomó forma un proyecto secreto que internamente se conocía como Bobcat. Pero el Bobcat no era un modelo más; se trataba de la primera incursión de Ford en el segmento de los automóviles compactos, la primera entrega de un coche que, con el tiempo, ha dejado una profunda huella en varias generaciones de conductores detodo el mundo.
Del proyecto Bobcat al Fiesta Bobcat era un código interno creado para encubrir al Fiesta durante su fase de desarrollo, táctica habitual aún hoy en día en todas las creaciones de la marca. La gestación de este modelo, cien por cien europeo, creó tanta expectación como la implantación de la fábrica
Ford en España, la planta que lo fabricó en exclusiva durante los primeros años si bien el desarrollo inicial del proyecto tuvo lugar en Colonia (Alemania) y en Dunton (Gran Bretaña), los dos centros de ingeniería de vehículos que Ford tenía en Europa por aquel entonces.
Finalmente, las especulaciones sobre ese futuro automóvil cesaron cuando Henry Ford II anunció en Detroit, en diciembre de 1975, el verdadero nombre de ese nuevo coche pequeño de Ford: Fiesta, un nombre que se creyó –con mucho acierto–, que casaría bien
en Europa. En realidad, la base del éxito del Fiesta se puede resumir con la frase “el coche adecuado en el momento adecuado”, ya que si bien al principio se quería dirigir al público femenino, su rápido éxito en todos los mercados se debió a que contaba con un indudable atractivo para una base mucho más amplia de compradores. Nunca antes Ford había ntrado en este segmento de compactos y con el Fiesta lo hacía con un automóvil de tracción delantera, motor instalado en posición transversal, diseño de carrocería con un amplio portón trasero, así como unos niveles de calidad y fiabilidad mecánica desconocidos
hasta ese momento entre los modelos más populares, potenciado por unas cualidades dinámicas hasta entonces exclusivas de los coches de categorías superiores.
1976, primera generación del Fiesta El Fiesta trajo un aire fresco y renovador al mercado europeo, y aunque años después pasó
a fabricarse también en otras plantas europeas, la historia del Fiesta ha ido íntimamente
ligada a la del desarrollo automovilístico de España. La primera generación del Fiesta fue presentada en verano de 1976 y tenía tres versiones. El modelo básico inicial fue equipado con un motor de 957 cc de 40/45 CV (versiones Normal y Lujo) con un precio particularmente competitivo. Una versión de 1.117 cc y 53 CV, con acabados Sport y Ghia, se ofrecía como tope de gama siendo la primera vez que tal equipamiento de lujo aparecía en vehículos de esta clase. Esos Fiesta equipaban una caja de cambios de 4 velocidades, suspensión MacPherson, frenos de disco delante y eje rígido y frenos de tambor detrás, dirección de cremallera y carrocería de tres puertas que ofrecía confort y amplitud a los pasajeros. Con un peso de sólo 700 kgs, el Fiesta de 1976 estaba entre los más ligeros de su clase pero su capacidad de carga de 1,2 metros cúbicos era la mayor de su categoría. Muchos de sus avances eran pioneros, como la excelente resistencia en caso de choque, mejorada gracias a la aplicación de los primeros programas de simulación por ordenador. La aerodinámica era también otra de las novedades aportadas por el Fiesta, a la que contribuía la ingeniosa parrilla frontal que funcionaba a modo de alerón. Todo ello hacía que el Fiesta consiguiera niveles de consumo extraordinariamente bajos para la época: 5,6 litros a los 100 kms a velocidad constante de 90 km/h y 7,9 litros en conducción urbana. Características como el cristal laminado de seguridad, los cinturones de seguridad automáticos y el cristal térmico trasero eran de serie en esta primera generación, con opciones tan desconocidas en un coche pequeño como el techo solar extraíble de cristal transparente. El Fiesta fue un gran éxito en poco tiempo de modo que la unidad un millón se produjo el 9 de enero de 1979. En 1983, primer gran cambio A lo largo de 1977, primer año de presencia completa del Fiesta en el mercado, vio la luz la versión de 1.3 litros que, con 66 CV y acabados Sport y Ghia, añadió mayor dinamismo y prestaciones a un automóvil que ya gozaba de un claro reconocimiento popular. En aquellos primeros años surgieron nuevas versiones: GL (1979), S (1980) y Super Sport (1981), el primer Fiesta realmente deportivo que, con un motor de 1.6 litros y 83 CV, se convirtió en un objeto de deseo de la juventud española. Pero en septiembre de 1983, cuando era ya un auténtico best seller y recibía premios y reconocimientos en todo el mundo, el Fiesta vivió el primer cambio importante en su diseño: llegaba la que sería la segunda generación, que supuso esencialmente una mejora a nivel estético, tanto en el exterior como en el interior, aunque al mismo tiempo también ofreció un ligero rediseño del chasis. Aunque conservando las líneas maestras del modelo original, el nuevo Fiesta transformó la entrañable apariencia de utilitario en un coche mucho más aerodinámico y estilizado, potenciando con ello la sensación de modernidad que el vehículo rezumaba por los cuatro costados. Los niveles de confort también aumentaron y el interior
fue renovado desde la base en múltiples aspectos.
Un año más tarde, el Fiesta se convirtió en el primer vehículo de su clase en recibir un motor diesel. Se trataba de un propulsor de 1.6 litros y 54 CV con un consumo homologado de 3,8 litros a los 100 kms a una velocidad constante de 90 km/h, cifras que lo convirtieron en uno de los coches más económicos del mundo. Este excelente motor diesel llegó casi en paralelo a la nueva versión XR2 de 96 CV y un espíritu netamente deportivo. Poco después apareció el motor 1.3 HCS, un cuatro cilindros que ha hecho historia por su eficacia, fiabilidad, economía y suavidad de marcha.
Tecnología avanzada Las distintas fases de rejuvenecimiento que ha vivido el Fiesta a lo largo de su existencia han sido siempre un éxito. En febrero de 1984, la segunda generación llegaba a la cifra de tres millones, hecho que se celebró con la fabricación de una versión Ghia color cava. Pero el Fiesta no era tan sólo un coche pequeño y económico, ni tampoco un “coche guapo” de estilo atractivo, sino que también se convirtió en protagonista en el desarrollo de tecnología avanzada, como fue la Transmisión Continua Variable (CTX), desarrollada por Ford para vehículos compactos y lanzada por primera vez en el Fiesta. Este sistema de transmisióncombinaba las ventajas de los cambios manuales y automáticos, y no hacía sino aumentar los niveles de confort. Además, el Fiesta era ya un vehículo habitual en los podios de los rallyes. Casi como un reconocimiento al que fue su lugar de nacimiento, precisamente fue en España donde el Fiesta alcanzó su primera victoria en competición y, además, conducido por un piloto español, Rafael Cid, aunque a nivel internacional los resultados en el Rallye de Monte-Carlo, de Ari Vatanen y del también español Salvador Serviá, marcaron un inicio deportivo de gran prestigio para el pequeño Ford del segmento B. La tercera generación, en 1989
Después de casi 13 años de producción, el Fiesta original de 1976 y evolucionado en 1983 fue sustituido en febrero de 1989 por una gama completamente nueva de modelos ligeramente más grandes, con 3 y 5 puertas, y con unas líneas más suaves y aerodinámicas. Ese mismo año, la tercera generación del Fiesta obtenía el título de Coche del Año en España, justo galardón para un automóvil amplio, confortable y con un excelente nivel de acabados que marcó diferencias respecto a la competencia. Ford decidió que el Fiesta disfrutara a partir de 1989 del mayor equipamiento de serie y opcional posible destacando, por primera vez en un coche de su clase, el sistema de frenada antibloqueo SCS y la posibilidad de funcionar indistintamente con gasolina con o sin plomo. La gama de motores abarcaba desde 1.0 hasta 1.6 litros e incluía, además, un nuevo motor diesel de 1.800 cc. La versión deportiva de la gama pasó a denominarse XR2i, lo que significaba que recibía inyección y llegaba hasta los 110 CV de potencia. La carrocería respondía a los criterios que marcaron el nacimiento del coche pero con todas las mejoras del momento y con la posibilidad de las cinco puertas. Con premios y distinciones en toda Europa, el Fiesta ya había llegado a finales de 1989 a los 5,25 millones de unidades fabricadas en las plantas de Valencia, Colonia y Dagenham.
Fue casi en ese momento cuando nació la versión más potente de Fiesta, el RS Turbo de 133 CV, para amantes de las sensaciones fuertes que, además, se fabricó en exclusiva en España y que fue mejorado dos años más tarde por el RS1800i multiválvulas de 1.8 litros y 130 CV.
Ese mismo año, 1992, la imagen del Fiesta posando junto a “Curro”, la mascota de la Exposición Universal de Sevilla’92, dio la vuelta al mundo. Entre tanto, en el Salón del Automóvil de Barcelona de 1991 aparecía el Courier, la versión comercial derivada del Fiesta. Poco antes del nacimiento de una nueva generación, el Fiesta disponía de una oferta considerable, con dos tipos de carrocería y seis motores diferentes.
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